Entrevista de David Cameron a ‘Gay Times’: sobran las palabras

David Cameron se ha convertido en el triste protagonista de la actualidad política mediática con el permiso del omnipresente Barack Obama y de su fiel escudero Joe Biden, que ha protagonizado recientemente un simpático capítulo de ‘micrófonos abiertos’. Pero centrémonos en Cameron y la angustiosa entrevista que ha ofrecido al Gay Times, revista inglesa de temática homesexual. El caso es que el candidato conservador británico, visiblemente incómodo, se vio obligado a interrumpir la entrevista hasta en tres ocasiones con el pretexto de “lo siento, ésta no ha sido una buena respuesta”.

Antes de entrar en detalle, una cuestión previa: ¿Cómo es posible que un político de la experiencia de David Cameron ofrezca una entrevista a una revista de temática gay sin controlar el mensaje y sin ni siquiera saber cuál había sido la postura de su grupo en la votación de determinados aspectos legales sobre los derechos del colectivo homosexual? El candidato conservador tampoco fue capaz de responder a una pregunta tan previsible como si consideraba que su partido debía de permitir la libertad de voto en estas cuestiones.

La entrevista de Cameron no tiene desperdicio. A buen seguro se ha convertido ya en todo un manual de telegenia sobre todo lo que no hay que hacer cuando uno se enfrenta a una entrevista. Veamos:

1. La regla de oro: un entrevistado debe conocer al público al que se dirige y empatizar con él, más en una entrevista temática como ésta. Cameron ni lo conoce, ni empatiza, ni siquiera tiene claro qué quiere decir.

2. En esta entrevista, Cameron ni controla su imagen, ni los escenararios ni tiene claro su mensaje.

3. Nadie nos obliga a hacer una entrevista. ¿Por qué  la concede si le incomoda tanto?

4. El off de record no existe. Un político de su experiencia debería de saber que todo forma parte de la entrevista, también las interrupciones, los silencios, la comunicación no verbal…

5. No respondas a hipótesis. Las hipótesis son sólo hipótesis. Meterse en ese juego sólo traerá problemas.

6. El periodista no es el enemigo. Es evidente que Cameron no se encuentra cómodo con su interlocutor, y, lo peor, no hace nada para disimularlo.

7. La comunicación no verbal dice tanto como la verbal. Cameron frunce el ceño, balbucea, gesticula, interrumpe para beber agua, mira a su alrededor…

En definitiva, sobran las palabras.

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