El efecto underdog de Tomás Gómez

El secretario general de los socialista madrileños, Tomás Gómez, y el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, en la sede del PSM.- Fotografía de ULY MARTÍN publicada en EL PAIS

Ayer, mientras veía en los telediarios a  Jaime Lissavetzky proclamar a los cuatro vientos, en la sede del PSM y en las narices de  Tomás Gómez, que “Para ganar a Esperanza, Trini es la mejor” , me vino a la mente el efecto underdog.

En el anterior post reflexionaba sobre las distintas teorías sobre los efectos que tiene la publicación de encuestas y si es positivo o negativo para un político que le den ganador o vencedor a la hora de decantar el voto del electorado.

Frente al efecto bandwagon, que sostiene que es preferible que las encuestas te den vencedor porque al elector le gusta sumarse al carro de la mayoría, el efecto underdog advierte de que mucha gente se solidariza con el más débil y apoya la apuesta a priori perdedora.

En este contexto, resulta llamativa la exhibición pública y mediática que está haciendo la dirección del PSOE de su defensa de la candidatura de Trinidad Jiménez en detrimento de la de Tomás Gómez.

Nada más trascender la noticia de que José Luis Rodríguez Zapatero apostaba por la Ministra de Sanidad como candidata, el propio presidente del Gobierno afirmaba públicamente que “tengo buena valoración de Tomás Gómez y buenísima de Trinidad Jiménez”.

Días después, Elena Valenciano, miembro de la Ejecutiva Federal y diputada del PSOE por Madrid, esgrimía encuestas internas del Partido Socialista para asegurar que “Trinidad Jiménez es la candidata más competitiva para ganar a Esperanza Aguirre”.

Desde entonces, la dirección del PSOE ha mantenido su pulso mediático al secretario general del PSOE madrileño. Trinidad Jiménez ya está oficialmente de campaña, pese a que continúa siendo Ministra de Sanidad, y Ferraz ha decidido adelantar la candidatura de Lissavetzky para el Ayuntamiento de Madrid para evitar males mayores.

Ayer mismo, minutos antes de que el todavía secretario de Estado para el Deporte anunciara en rueda de prensa la presentación de su candidatura, una rueda de prensa en la que estaría presente Tomás Gómez, la dirección del PSOE organizó un desayuno entre sus dos candidatos oficiales para escenificar el apoyo de Lissavetzky a Jiménez y dejar en un segundo plano la instantánea entre Lissavetzky y Gómez, en lo que se convirtió otro feo mediático al secretario general madrileño.

Mientras esto ocurre, Tomás Gómez, que lleva tres años recorriéndose las distintas localidades de la Comunidad de Madrid, sigue recabando apoyos. 106 de los 146 líderes locales ya han firmado un manifiesto de apoyo al líder de los socialistas madrileños, quien no ha dudado en pedir públicamente al aparato federal del PSOE que “no enturbie el proceso de primarias”.

¿Provocará el apoyo mediático de Ferraz a Trinidad Jiménez un efecto underdog hacia Tomás Gómez? Las Primarias nos darán la respuesta.

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El lado menos ‘populista’ de José Bono

José Bono, junto a Amancio Ortega, propietario de Inditex, en un campeonato de hípica

Mucho se ha hablado del lado más cercano y populista de José Bono, de su cultivada habilidad para transformar anécdotas en titulares, y apenas nada de su lado menos populista y más disonante.

Cuando las formas y el fondo no coinciden, cuando algo no encaja entre lo que un político nos dice y lo que hace, se produce una distorsión en el mensaje. O, lo que es lo mismo, se manifiesta la disonancia cognitiva.  

Hace meses, José Blanco vestía una camisa de CH (Carolina Herrera) en un mitin del PSOE. El corte que reprodujeron los informativos no distaba mucho de éste: “Lo que tiene que hacer el PP es arrimar el hombro y predicar con el ejemplo, porque los españoles lo están pasando muy mal con la crisis”. Fue un domingo y lo vi en un telediario, no recuerdo cuál. Me quedé con el detalle de la camisa de CH, y confieso que me he recorrido todo google, desde la A hasta la Z, en busca del documento gráfico pero no lo he encontrado. ¿Qué mejor ejemplo de disonancia cognitiva puede haber?

Bueno, pues dejando de lado a José Blanco, su compañero de partido y tocayo José Bono también peca de disonante, sobre todo en su faceta menos pública y más privada.

Podríamos decir que hay dos José Bonos. El José Bono campechano y populista que dedica un día de su jornada laboral a acompañar a barrenderos, bomberos y comerciantes, el mismo que invita a los periodistas todos los veranos a pasar un día en su pueblo natal, el que dice lo que piensa pero sobre todo piensa lo que dice, y el José  Bono que se pasea por los campeonatos de hípica con empresarios como Amancio Ortega, dueño de Inditex, o comparte portada en Hola con la Presley en compañía de su consuegro Raphael.

Digamos que cuando alguien abandera una política de izquierdas, presume de empatizar con el pueblo llano, y al mismo tiempo, tiene intereses en una empresa de hípica, su mujer regenta varias joyerías, se exhibe con empresarios de postín como Amancio Ortega, emparenta con la farándula, y, para más inri, se dice/se comenta que le ha comprado a su hijo una casa en el Madrid de los Austrias y un chalé cerca de Toledo, parece evidente que se produce una disonancia entre el Bono más público y el privado. ¿Es ético y sobre todo coherente que un dirigente de izquierdas tenga ese patrimonio si es que de verdad lo tiene? Y si no lo tiene, ¿por qué a casi nadie le extrañaría si esas informaciones fueran ciertas?

Dicho de otro modo, se ve que el lado menos populista de José Bono es, a su vez, su lado más disonante.